Prensa

Vive con vosotros y está dentro de vosotros

21/05/2017

Artículo de Mercè Solé publicado en la sección de liturgia de Cataluña Cristiana (21 de mayo).

Parece que en el mundo occidental nos cuesta mucho tener presente al Espíritu. Tal cosa debe ser de este tipo de racionalidad que ilumina parte de nuestra vida, pero que deja a oscuras –a menudo con cierto desprecio– intuiciones, emociones, voces interiores. Hay quien dentro de este desprecio incluye también todo el sentido religioso e incluso la espiritualidad.

Quienes vivimos inmersos en este mundo incrédulo que nos configura, como flanes al baño María, no podemos evitar una cierta prevención ante algunas manifestaciones religiosas. Tenemos claro que la fe no es razón, pero tendemos a querer controlar nuestra manera de vivirla, subrayando la dimensión ética (el actuar de la revisión de vida, por ejemplo), haciendo una oración que se expresa sobre todo en palabras, desconfiando de todo lo que suene a "iluminaciones", y "driblando" la dimensión simbólica y gestual de los signos cristianos como si no fuera con nosotros. Esto no significa que no intuimos a Dios en la vida, que no lo reconozcamos en los demás o que no identificamos elementos diversos de su amor. De hecho, a medida que pasan los años, se va acentuando la sensación de gratuidad y el convencimiento de que no se trata tanto de hacer por méritos propios, sino de ser, o de permitirnos ser nosotros mismos con confianza. Con nuestras virtudes y carencias, que Dios ama aunque carguen con defectos de fábrica, podemos dejar pasar la luz. Y de hecho sospecho que más allá de testimonios coherentes y de anuncios explícitos Dios se manifiesta como quiere.

Reconozco que siempre me ha dado miedo esta afirmación del evangelio de este domingo: "Vosotros sí que conoce el Espíritu, porque vive con vosotros y está dentro de vosotros". Temo confundir el Espíritu con mis deseos y esperanzas; me da miedo dejarme ahogar por las emociones; me da miedo manipular o ser manipulada. Pero lo cierto es que la intuición primera de la fe, el contacto con "la fuente", el motor de la trayectoria cristiana, es una experiencia personal, profunda, ineludible para empezar el camino cristiano. Es exactamente una experiencia de "reconocimiento" de Dios dentro de nosotros. De encuentro, de poner nombre y de vincularlo a la tradición cristiana. La fe no es costumbre ni rutina. Cuando ha sido una fe sociológica mantenida por imperativo social se ha deshecho como un azucarillo ante la primera dificultad.

Visto que la experiencia primera de reconocimiento ha sido exitosa, tal vez ha llegado el momento, pues, de tener confianza y de liberarnos de esta ansia de control y de permitirnos vivir un poco más alocadamente el Espíritu. Un Espíritu que nos lleva a vivir plenamente ("vosotros también viviréis"), a discernir la verdad entre tanta apariencia ("el Espíritu de la verdad"). Que nos hace inquietos, creativos y contentos hasta el punto que la palabra prodigio irrumpe en la vida cotidiana (primera lectura).